Eliseo leyó la línea final dos veces.

  La primera, con la voz rota. La segunda, con rabia. “Octavio Rivas firma como..

Daniela cerró la puerta del café con una calma que me heló la sangre.

  El ruido de Polanco quedó afuera: los coches pasando por Masaryk, los meseros acomodando..

Abrí el archivo.

  No porque no tuviera miedo. Tenía tanto miedo que sentí las uñas enterradas en..

Negativo.

  La palabra quedó flotando en la oficina como un disparo. Daniela sonrió, pero yo..

A las nueve de la noche, el calor de Veracruz seguía pegado a las paredes de la funeraria como una sábana mojada.

  Afuera, el mar golpeaba oscuro contra el malecón y los camiones pasaban levantando olor..

La segunda persona del video bajó despacio de la camioneta.

  La cámara de don Ciro no tenía sonido, pero yo sentí el crujido de..

Abrí la USB antes de llamar a la policía.

  No fue valentía. Fue instinto. Alonso me tenía tomada de la muñeca, apretándome hasta..

El video temblaba como si la mano que lo grabó estuviera escondida detrás de una maceta.

  Primero se veía el borde del pozo, oscuro, húmedo, tragándose la poca luz del..

Solté el brazo de Raúl con una calma que ni yo sabía que tenía.

  No fue un jalón brusco. Fue peor. Fue como quitarse de encima una mancha..