El abogado pronunció el nombre como si estuviera leyendo una sentencia.

  —Agustín Aguilar. Por un momento no entendí. Mi apellido. El apellido de mi padre...

La mujer del DIF llegó primero que el amanecer.

  No venía sola. Traía botas de hule, una carpeta plastificada y una mirada que..

—Esteban Arriaga no murió —dijo el abogado.

  Sentí que la calle se me dobló bajo los pies. El llanto de Emiliano..

Abrí la puerta antes de conectar la USB

. No fue por miedo a Héctor. Fue por Lucía. La niña seguía parada en..

Patricia se lanzó sobre mí con una desesperación que jamás le había visto ni siquiera en el funeral.

  No quería el papel. Quería mi miedo. Sus uñas me rasgaron el dorso de..

Me quedé afuera del cuarto 518 con la sangre hecha hielo

. Iván acababa de decirlo como quien confiesa que se robó una cuchara: alguien había..

Llamé al abogado ahí mismo.

  No lo pensé más. No porque fuera valiente, sino porque ya estaba demasiado cansada..

Leí la carta de mi madre con la boca seca y las manos heladas, aunque Hermosillo ardía detrás de las cortinas.

  Darío no decía nada. Ismael tampoco. Los dos miraban aquella frase como si las..

La enfermera no bajó la mano.

  La dejó apuntando a Octavio como si ese dedo fuera una lámpara prendida en..

Firmé.

  No hice ruido, no levanté la voz, no le aventé la pluma a nadie...