Pasé dieciocho años en la cárcel por matar a mi hermanito en un incendio… pero él apareció vivo en el cumpleaños de mi madre. Y lo peor no fue verlo entrar, sino escuchar a mi propia familia gritar: “¡Cállalo antes de que hable!”
Cuando Rogelio salió del penal de Mil Cumbres, en Michoacán, no traía nada más que una bolsa negra, una camisa vieja y una foto quemada de su madre.

