Puse la mano en la puerta de la notaría y sentí el frío del vidrio como si fuera la frente de un muerto

  . El mensaje de Óscar seguía encendido en mi celular: “Si entras, hoy pierdes..

Porque cuando te conocí, Mateo no tenía dos años… y aquella noche en la fiesta del pueblo tú estabas tan borracho que nunca recordaste que nosotros

—…estuvimos juntos —terminó Rosa, con la voz hecha trizas—. Y cuando despertaste, ya no estabas...

No vinieron por mí, Marco… vinieron por ti, porque tu padre nunca murió en aquel accidente y tú eres el único que puede encontrar…

—…la bóveda de tu madre. Marco no entendió. La alarma seguía gritando en los pasillos..