—Salga —ordenó el padre de Renata, sin mirarme a los ojos—. Usted ya escuchó demasiado.

  No me moví. Hasta ese momento, toda mi vida había consistido en obedecer puertas:..

Le respondí con una sola palabra: “Dónde”.

  No quería verme desesperada, pero mis manos me traicionaban. El celular se me resbalaba..

Lucía no dejó su mochila en el suelo.

  La apretó contra el pecho como si hubiera entrado a una casa ajena. Yo..

Salí corriendo a la calle sin siquiera ponerme el rebozo.

  El coche oscuro ya iba doblando hacia la avenida, dejando detrás ese humo agrio..

Me quedé paralizada con la maleta a medio cerrar hasta que escuché a Julián desde abajo.

  —Elena, no subas más. Ven conmigo. No gritó. Eso me asustó más. Su voz..

Camila sostuvo la notificación como si fuera una tela contaminada.

  —¿Cuánto debes, mamá? No pude responderle. Me dolía más su cara que la cifra...