No abrí la puerta de golpe.

  La empujé despacio, como quien entra a misa con el corazón manchado de miedo,..

No abrí la USB en el taxi.

  La apreté dentro del puño como si fuera una espina de mi madre clavada..

—Léalo —dije.

  No me salió fuerte. Me salió desde un lugar más hondo que la garganta,..

Abrí la puerta.

  No porque fuera valiente. La valentía no te baja por la escalera con las..

La llamada del hospital sonó tres veces.

  Tres golpes pequeños en la pantalla. Cama 214. Mi mamá. Todos en la sala..

Tomé la pluma.

  La directora Elvira sonrió como si ya hubiera ganado. —Así me gusta, señora Rosalba...

Puse el dedo sobre el número del abogado.

  No temblé por miedo. Temblé porque una parte de mí todavía quería que Mariela..

Puse el dedo sobre la pantalla y apreté reproducir.

  No lo hice por odio. Lo hice porque la familia ya me había enterrado..

—¿Su papá? —pregunté, con la boca seca.

  Arturo no contestó. Brenda sí. —Mi esposo está nervioso. Se refiere a su difunto..

Puse la USB en mi bolsa y caminé hacia la puerta de la notaría como si no me temblaran las piernas.

  Eduardo me vio primero. Traía la camisa azul que yo le planché tantas veces..