Llamé al abogado ahí mismo.

  No lo pensé más. No porque fuera valiente, sino porque ya estaba demasiado cansada..

Leí la carta de mi madre con la boca seca y las manos heladas, aunque Hermosillo ardía detrás de las cortinas.

  Darío no decía nada. Ismael tampoco. Los dos miraban aquella frase como si las..

La enfermera no bajó la mano.

  La dejó apuntando a Octavio como si ese dedo fuera una lámpara prendida en..

Firmé.

  No hice ruido, no levanté la voz, no le aventé la pluma a nadie...

Abrí la mochila.

  No porque fuera valiente. La abrí porque Ernesto ya venía hacia mí con esa..

La pantalla seguía congelada, como si hasta la televisión tuviera miedo de mostrar lo que venía.

  Carlos respiraba por la boca. Doña Teresa apretaba su bolsa contra el pecho. Daisy..

Abrir la caja fue como meter la mano en la boca de una víbora.

  El licenciado Medina no dijo nada durante unos segundos. Solo miró mi cara, luego..

“Detenlo”, dije.

  La palabra salió de mi boca antes de que el miedo pudiera morderme la..

—No hagas teatro, Teresa —dijo Darío, con la voz partida en dos.

  No era miedo todavía. Era coraje. El coraje de un hombre que se cree..

Le di play.

  La voz de Julián salió de la laptop rota como si hubiera estado encerrada..