Guardé la copia del acta dentro del brasier, como hacen las mujeres cuando el mundo quiere arrancarles la verdad de las manos.
Itzel seguía pálida en la camilla, con la mirada clavada en la medalla que..
Leí la cláusula marcada en rojo con la boca seca.
Don Efraín no había dejado aquella casa a nombre de Óscar, ni de Raúl,..
Mauricio Landa Ríos —dijo don Evaristo.
— El vaso de café se me cayó de la mano. No porque conociera al..
El hombre de bata blanca no entró hasta que el actuario le abrió paso.
El agua le golpeaba las espinillas y traía pegadas hojas de almendro, bolsas de..
Yo no dormí esa madrugada.
Diego sí, o fingió hacerlo, hecho bolita sobre dos costales de cebolla, con mi..
La noche en que Yolanda dijo eso, el malecón dejó de parecerme bonito
. Las luces amarillas se reflejaban en el Mar de Cortés, los turistas caminaban junto..
El nombre estaba escrito con tinta azul, como si mi suegra hubiera temblado al ponerlo.
“Reconozco como heredero moral y de sangre al niño Mateo Salcedo, hijo de Yadira..
La fotografía temblaba en mis manos.
Era el “funeral” de Santiago. La misma iglesia de Parroquia de San Joaquín donde..
No abrí.
Levanté el bastón con la poca fuerza que me quedaba y señalé el ropero...
