Abrí el expediente.

  No porque fuera valiente. Lo abrí porque Valentina, dormida contra mi pecho, soltó un..

Yo entré a la notaría con las piernas duras, como si cada paso me lo cobrara el cuerpo.

  Daniel caminó a mi lado sin tocarme. Roberto iba detrás, perfumado, tranquilo, con esa..

Abrí el archivo antes de que Ignacio alcanzara la memoria.

  Su mano quedó suspendida sobre la mesa, con los dedos tensos, como si todavía..

Reproduje el audio.

  No subí la voz. No lloré. Solo dejé que la oficina entera escuchara a..

La pluma pesaba más que un costal de harina.

  Miré la hoja de denuncia, luego la pantalla congelada con el rostro de Mateo,..

—Carmen… no lo hagas.

  Su mano sobre mi muñeca pesaba menos que una tortilla fría, pero durante un..

El licenciado Armenta no se movió de la puerta.

  Traía el traje arrugado por la humedad del puerto y los lentes empañados, pero..

No firmé.

  La pluma rasguñó el papel apenas un centímetro y luego la dejé sobre el..

La segunda acta era de nacimiento, pero no tenía mi nombre

. Tenía el de Dulce. La leí una vez. Luego otra. Sentí que el ruido..

Empujé la puerta de la notaría y el aire frío me pegó en la cara.

  Adentro olía a madera encerada, café viejo y papeles caros. De esos papeles que..