Que la empresa no era de Aurelio —dijo Ricardo—. Era tuya. Sentí que aquellas palabras me golpeaban más fuerte que los golpes contra la puerta. —¿Mía? Ricardo colocó otro documento sobre la mesa.
—Que la empresa no era de Aurelio —dijo Ricardo—. Era tuya. Sentí que aquellas..
Doña Elena —dijo Salazar, mirando por encima de sus lentes—, la persona que viene a reclamar este rancho se llama Lucía Andrade. Sentí que el mundo se detenía.
—Doña Elena —dijo Salazar, mirando por encima de sus lentes—, la persona que viene..
Ricardo me apretó la mano con desesperación. —Laura, escúchame bien. Si tu madre se entera de que encontraste el expediente original del hospital, ella… No terminó la frase. Desde la sala volvió a escucharse el grito de Elena.
Ricardo me apretó la mano con desesperación. —Laura, escúchame bien. Si tu madre se..
No iba a terminar esa frase. El teléfono volvió a vibrar en mi mano. Miré la pantalla. Patricia había enviado otro mensaje.
No iba a terminar esa frase. El teléfono volvió a vibrar en mi mano...
—Mamá, hay otra cosa que no te he contado. La persona que me mandó ese sobre me llamó esta tarde y me dijo que, cuando llegara a Monterrey, tenía que preguntarte por Mateo.
—Mamá, hay otra cosa que no te he contado. La persona que me mandó..
—Mi amor —me dijo, con la voz quebrada—, necesito que me prometas algo antes de que vuelva a olvidarlo… Me acercó el papel.
—Mi amor —me dijo, con la voz quebrada—, necesito que me prometas algo antes..
Elena sonrió, señaló una de las hojas y dijo: —Pues mira, comadre… antes de seguir diciendo que esta es tu casa, deberías fijarte en el nombre que aparece aquí. Bajé la mirada.
Elena sonrió, señaló una de las hojas y dijo: —Pues mira, comadre… antes de..
Porque aquel anillo pertenecía a Ricardo. Sentí que el aire desaparecía del taxi.
Porque aquel anillo pertenecía a Ricardo. Sentí que el aire desaparecía del taxi. Miré..
Y cuando por fin reconocí su rostro, sentí que el mundo se detenía. Era el director general. El mismo hombre que, unas horas antes, había felicitado a Claudia frente a toda la empresa. Pero había algo más.
Y cuando por fin reconocí su rostro, sentí que el mundo se detenía. Era..
La puerta se abrió de golpe. Elena contuvo el aliento. Humberto apareció en el umbral. Pero no estaba solo. Detrás de él estaba el director financiero, don Esteban Valdés, el hombre que llevaba quince años ocupando uno de los puestos más intocables de la empresa. Humberto cerró la puerta con llave.
La puerta se abrió de golpe. Elena contuvo el aliento. Humberto apareció en el..
