A la mañana siguiente, antes de abrir la ferretería, llegué con la escoba en la mano y el orgullo hecho pedazos.

  El cielo de Iztapalapa estaba gris, como si también supiera que ese viernes iba..

No les arrebaté el papel de las manos.

  Lo abracé contra mi pecho como si fuera el último latido de mi madre...

A las tres y diecisiete de la madrugada, la camioneta negra seguía frente a la casa.

  No se movía. No encendía luces. Solo estaba ahí, pegada a la banqueta como..

La llave pesaba más que mi propio miedo.

  La apreté contra la palma mientras el portón de hierro se abría despacio, arrastrando..

El sobre no tenía nombre, pero sí tenía miedo.

  Lo supe en cuanto lo sostuve entre mis dedos. No era el miedo de..

No me moví.

  La puerta estaba cerrada, pero mi nieto seguía del otro lado. Lo sabía por..

—Me voy a vomitar —susurré, llevándome una mano al pecho—. Ricardo, por favor, detente.

  Él me miró de reojo, molesto, no preocupado. El tráfico avanzaba lento sobre Insurgentes..