Metí la USB en la computadora con una mano y con la otra sostuve a Alam contra mi pecho.
Berenice se quedó inmóvil, pero sus ojos se le fueron a la pantalla como..
No firmé.
No sé de dónde me salió la voz, porque por dentro yo era un..
No abrí la puerta.
Metí a Renata y a Lucía detrás de mí, como si mi cuerpo flaco..
La llave me quemó la piel como si no fuera de metal, sino de culpa.
Héctor abrió la puerta del cuarto antes de que yo pudiera respirar. Entró con..
No conecté la USB de inmediato.
Primero miré a Javier. Veinte años sirven para conocer la respiración de un hombre...
La última hoja no decía Clara Salcedo.
Decía Renata Salcedo. Mi nombre. Mi firma. Mi CURP. Y debajo, en letras frías,..
Apreté el botón.
La voz de mi mamá salió bajita, raspada, como cuando amanecía con frío y..
La primera voz del cassette no era la de mi madre.
Era la de don Ernesto. Sonaba más joven, más firme, pero traía la misma..
No le entregué la muñeca.
Le entregué mi mirada. —Señor Robles —dije, con la voz más firme que pude..
No le contesté a Claudia.
Miré el mensaje hasta que las letras se volvieron borrosas. “Mamá, no hagas nada..
