Abrí la carpeta negra con las manos tan frías que la llave se me resbaló dos veces.
Adentro no había fantasmas. Había copias de mi vida, acomodadas como si yo ya..
Yo miré a Emiliano como se mira una grieta en la pared de la casa: primero una no entiende, después sabe que todo se puede venir abajo.
Mauricio dejó de temblar. Eso fue lo que más me dolió. Mi hijo estaba..
La pantalla se llenó de una luz azulada que le pintó la cara a la licenciada Méndez como si se le hubiera caído una máscara.
Por un segundo nadie respiró. Mi mamá seguía en la puerta, apoyada en Lupita,..
No lo perdoné.
Tampoco corrí a poner el video. Me quedé quieta con el sobre del divorcio..
Apreté el celular con tanta fuerza que sentí el borde clavarse en mi palma.
Esteban tenía la boca junto a mi oído, pero yo ya no le pertenecía..
“No firmo nada”, dije.
Lo dije con la voz rota, entre una contracción y otra, pero lo dije..
Puse la memoria USB sobre la mesa.
No la abrí de inmediato. Renata esperaba que me temblaran las piernas. Santiago esperaba..
No abrí la puerta
. Me temblaba la mano, sí. Pero no abrí. Porque una madre aprende a reconocer..
Firmé.
La licenciada no sonrió ni me dio ánimos de esos que suenan huecos. Solo..
Corrí por Mateo.
No pensé en la USB. No pensé en Karla. No pensé en el sobre..
