Los dejé entrar.

  No por Eliseo. Por las botas. El hombre cubierto con la cobija cayó junto..

Abrí el sobre.

  No corrí. No porque no quisiera proteger a Camila, sino porque entendí algo horrible:..

A la mañana siguiente no fui al hospital.

  Fui a buscar a Rosa Elena Salgado con una panza de ocho meses, una..

Abrí el archivo.

  La pantalla tardó un segundo, pero a mí me pareció una vida entera. Cuando..

Firmé.

  La pluma pesaba como si fuera de plomo. La recepcionista me dio el expediente..

Crucé la puerta lateral de la iglesia con la medallita apretada en la mano y el sobre azul pegado al pecho.

  La mujer del rebozo negro caminaba a mi lado como si el bastón no..

Abrí la USB sola.

  No porque fuera valiente, sino porque ya no me quedaba nadie a quien creerle...

No grité.

  Tomé la primera hoja con dos dedos, como si fuera una tela fina que..

Contesté la videollamada con el dedo temblando.

  No vi primero a Janet. Vi una trenza chiquita, una cara llena de tierra..

Jimena respiró como si llevara meses esperando ese momento.

  —La libreta no es mía —dijo—. Es de tu suegra. La dejó en mi..