Firmé.
La pluma pesaba como si fuera de hierro, pero mi mano no tembló al..
Iván levantó el celular como si trajera una pistola.
En la pantalla se veía una hoja escaneada, con la firma de Esteban al..
No abrí el ADN en el estacionamiento.
Tampoco firmé. Miré a Sebastián a los ojos, a esos ojos que durante dieciocho..
No le di la USB.
Tampoco la abrí. La cerré dentro de mi puño como si fuera el último..
No saqué a Mateo.
Quise hacerlo. Quise mandarlo con doña Lupita, la vecina que vendía quesadillas de chorizo..
Cerré la mano sobre la USB hasta sentir que el plástico se me clavaba en la palma.
Don Julián extendió la suya como si yo fuera una niña agarrada a una..
No entregué la memoria.
La apreté dentro del brasier como si fuera el último huesito de mi hijo...
Ramiro cerró la puerta con llave.
El sonido del seguro fue chiquito, seco, pero a mí me retumbó como campana..
Metí la USB en la computadora con una mano y con la otra sostuve a Alam contra mi pecho.
Berenice se quedó inmóvil, pero sus ojos se le fueron a la pantalla como..
No firmé.
No sé de dónde me salió la voz, porque por dentro yo era un..
